¿COMO ERAN LOS BARCOS DE LOS ARTABROS?

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LOS ARTHABROS LA TRIBU DE LOS BARCOS DE PIEDRA.

Los gallegos reivindicamos un origen celta para nuestra cultura ancestral, si bien hoy en día los historiadores están sumidos en un mar de dudas e incertidumbres que no se concilia con el sentir popular a este respecto. Aclaremos pues previamente a que alude este vocablo.

El término celta proviene de la palabra griega Keltoy y definía en la cultura mediterránea a todos aquellos pueblos que abundaban en los extremos del imperio Romano allende sus fronteras, también conocidos como bárbaros. Los primeros textos que los mencionan son de Heródoto, probablemente el primer historiador del que nos han llegado escritos y que los sitúa en el siglo V a. C. tanto en las costas del mar Negro, una vez sobrepasada la desembocadura del Danubio, como en el extremo confín occidental del orbe, es decir los litorales atlánticos de España, Portugal, Francia, etc.… añadamos a estas primeras referencias Helenas una nueva ubicación dada por Hecateo de Mileto en fechas un poco posteriores a este siglo V a. C. haciéndolos vecinos de los Massaliotas, (Francia Mediterránea) habitando incluso más allá de los Alpes.

Bastantes siglos después Avieno en su Ora Marítima donde se recogen y compendian diferentes noticias y cuadernos de bitácora de navegantes Griegos anteriores al siglo V a. C. los ubica nuevamente en las tierras que se desparraman frente al mar del poniente Europeo (actualmente el oceano Atlántico). Para las culturas clásicas del mediterráneo todos aquellos habitantes de sus fronteras que no observaban un estilo de vida basado en la alimentación constituída por el trigo la vid y el olivo, conocida como la triada mediterránea, por una civilización de carácter no urbano (pues no tenían ciudades) o incluso por un régimen de vida sedentario eran bárbaros y de entre estos los celtas eran un subconjunto que se ubicaba hacia los límites occidental y septentrional del eje mediterráneo en cuyos márgenes se disponían todas las civilizaciones que se conocían por aquel entonces como la Griega, la Romana, la Egipcia, la Persa, Cartaginesa, etc …

 

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Artabros. oleo/lienzo, realizado por el autor para la sociedad de montaña Artabros.

Pero la cuestión no queda del todo aclarada pues hoy sabemos que los celtas como grupo étnico o conjunto de tribus no tenían conciencia política unitaria de si mismos, ni ocuparon perennemente los mismos territorios, quedando más bien ligados por una familia de idiomas de ascendencia Indoeuropea como el Britónico, Goidelico, Lepóntico, Galo, etc…, (como hoy lo serían paralelamente las lenguas romances, Español, Gallego, Catalán, Francés, etc.…derivados del Latín), por unas ideas religiosas afines que no idénticas, por unas formas artísticas propias, pero sobre todo por una conciencia diferenciada que los hacía celosos de su estilo de vida y de su independencia.

Hoy en día el término celta es un cajón desastre donde se intenta dar cabida a todos aquellos pueblos localizados en las zonas mencionadas por los escritores clásicos, abundando desde las hipótesis más restrictivas que sitúan su territorio en el centro y occidente de Europa, englobando dos “épocas” diferentes de cultura material, la más antigua conocida como Hallstatt y su continuación en “La Tenne” hasta otras más amplias que por no encajar bien en los esquemas anteriores son excluidas de la denominación de Celta. Galicia por tanto quedaría fuera de tal territorio al igual que Irlanda, Escocia, Gales, Gran Bretaña, etc… y sin embargo existe un consenso en admitir que tales áreas estuvieron en un momento dado dentro del ámbito celta, con lo cual parece quedar sobrepasada esta primera opción.

Nadie niega la existencia en Irlanda de una cultura celta pues es en este país donde más profunda fue su huella tanto material como espiritual, dejando rastro en las más variadas manifestaciones del pueblo Irlandés y especialmente en un fósil lingüístico conocido como Gaélico, idioma oficial de Irlanda y uno de los poquísimos ejemplos de lengua celta todavía viva. ¿Pero quiénes fueron los gaélicos y que tuvieron que ver con Galicia? Los gaélicos fueron un conjunto de pueblos que llegaron a Irlanda en una época próxima al cambio de Era y que tuvo su esplendor entre los siglos II y VI d. C. hasta la llegada del cristianismo con San Patricio, patrón de Irlanda, iniciando con ello un mestizaje de culturas que incrementó si cabe aún más su brillantez en ámbitos artísticos, sociales y políticos. Su ocaso fue un proceso largo y progresivo que arranca con los primeros asentamientos de los Vikingos en la isla en el siglo XI hasta la pérdida total del control político en tiempos de Cronwel (siglo XVI) por parte de las últimas familias y clanes gaélicos, si bien el pueblo despojado de autoridad sobre si mismo continuó habitando hasta nuestros días Irlanda, hoy felizmente dueña de sus destinos.

Además del idioma Gaélico que continúa hablándose de forma fragmentada en la costa oeste de Irlanda tenemos para conocerlos un corpus literario escrito en la mencionada lengua donde se narran leyendas, sagas de reinados, cuentos y hasta leyes de aquellos años en los que fueron señores de Erin. No son menos apreciables los restos materiales que contienen los museos de Dublín o la abundante cantidad de excavaciones arqueológicas dispersas por toda la isla, aunque nos aporten una información de más difícil valoración.

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Reconstruccion de un paisage Irlandes de la edad del hierro.

Al margen de la obviedad que arrojan la semejanza de los nombres gallaeci y gaélico, (el primero es el nominativo utilizado por los romanos para las tribus gallegas). Los gaélicos afirman haber poblado Galicia. Si nos adentramos en el corpus literario que posee la cultura irlandesa nos topamos con un libro eminente, libro perteneciente al conocido ciclo mitológico y que cuenta la serie de conquistas acaecidas en Irlanda hasta la llegada de los gaélicos, es el famoso Leabor Ghabhala Eirenn. Fue la lectura de este libro por los escritores del “rexurdimento” gallego a finales del romanticismo cuando se popularizó la idea de un origen celta para nuestra cultura, ejemplo destacado de ello es el himno gallego de Eduardo Pondal donde se nos define como nación de Breoghan o los escritos al respecto de Manuel Murguía.

Aproximándonos a una primera lectura del texto Irlandés, queda claro que anteriormente a la arribada de este pueblo a la “sagrada Isla de Ierne” (Irlanda) tuvieron un importante reino en el “frío codo de España” (lebhor gabhala, capítulo X). Donde el mítico rey Breoghan fundó Brigantia y cerca de ella construyó una torre que llevaría su nombre, también fue desde allí desde donde partirían generaciones después para la conquista de la mencionada isla. En base a las conclusiones aportadas por la arqueología contemporánea vemos que los restos materiales encontrados en la protohistoria del extremo occidental hispano, la actual Galicia, son muestras de una cultura con una fuerte cohesión y presencia conocida como Cultura Castrexa, nombre adquirido por ser el castro su forma de asentamiento más característica. Tras un largo estudio de los bienes materiales desenterrados, donde abundan las joyas como los torques, las fíbulas, diademas, brazaletes, etc… se observa un gusto diferencial por las líneas curvas propias del arte celta de la época de la Tenne, motivos ampliamente representados son las espirales, sogueados, trenzados, entrelazos, etc… Si bien no encajan exactamente con lo conocido para este periodo Latenniense, pues además de tener motivos propios de las culturas del fondo del mediterráneo también contienen la impronta del periodo anterior conocido como Hallstat, estando por así decirlo a caballo entre las dos épocas. ¿Será por esto que perdura la controversia entre los arqueólogos locales de si se puede adscribir la cultura castreña al ámbito celta?.

 

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Roseta vaciada en una ventana de una palloza de Piornedo; simbolismo astral proveniente en origen de la edad del bronce mediterranea e incorporada a la iconología religiosa del ámbito celta.

Dado que la arqueología no parece ser capaz de arrojar luz a este respecto vamos a utilizar otras recursos. Como queda fuera de toda duda que la cultura gaélica es un ejemplo paradigmático de lo que conocemos como celta, si los gaélicos hubieran estado realmente en el occidente peninsular como ellos afirman en sus leyendas la incógnita podría quedar en buena medida despejada. Busquemos pues pistas de su presencia por estas tierras. Una primera observación aunque somera del patrimonio artístico Irlandés datado en la edad del hierro que en esta zona alcanza hasta el siglo VI d. C. nos muestra la continuación de aquellos motivos decorativos aludidos para la cultura castreña aunque de una forma más compleja, podríamos decir que más evolucionada. Estaríamos en la fase barroca de todo estilo artístico, los sogueados se entrelazan, los trenzados se estilizan hasta perder el aspecto compacto de la cultura castrexa, la espirales se deforman o componen siguiendo patrones siempre curvos pero mucho más elaborados que los hallados en la cultura Galáica, aparecen las primeras representaciones de letras etc.. Pero lo cierto es que se da también una mezcla con otros estilos artísticos celtas que no son propios de los gaélicos, probablemente influjos de poblaciones anteriores o coetáneas con las cuales entraron en contacto. Recientemente han aparecido en excavaciones arqueológicas del sureste Irlandés, (Co. Westford) casualmente en una zona en la que Ptolomeo en uno de los primeros mapas conocidos del mundo nos sitúa un pueblo llamado Brigantes,

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MAPA MEDIEVAL INSPIRADO EN LOS DATOS GEOGRÁFICOS APORTADOS POR PTOLOMEO A FINALES DEL SIGLO II d.C.

joyas y demás utensilios iguales a los que hay en los castros del noroeste gallego, territorio de los Arthabros donde se encontraba la ciudad de Brigantia y que los historiadores de la isla no han tenido reparo en reconocer como provenientes de aquí. Son a todas luces orfebrería galaica del siglo I a.C. Aunque tan exiguos hallazgos no justifican una invasión como refleja el Leabor Gabhala nos aporta un dato interesante, podría haber Brigantes procedentes de Galicia por allí. ¿Y qué hay de los gaélicos que dicen haber estado por aquí, están de algún modo vinculados con los Galáicos o son acaso los gaélicos y los Galáicos el mismo pueblo?

Dado que los restos materiales no parecen suficientes para convencer a los más escépticos de la estrecha relación entre ambos finisterres en la edad del hierro nos apoyaremos en la lingüística y en la literatura. El libro de las invasiones de Irlanda es un conjunto de prosa y poesía, recogido en escritos por monjes medievales Irlandeses de una tradición oral anterior a los siglos VIII – X, donde se relata las seis invasiones acaecidas en la isla en una etapa denominada mitológica. La primera es la de Ceasair, antes del diluvio, la segunda viene acaudillada por Partholón, la tercera por Neimed, la cuarta la constituye el pueblo de los sacos, Firbolg en su idioma nativo, posteriormente llegan los Thuatha de Dannan y por último los Gaélicos, también conocidos como Milesios, provenientes de Brigantia. Es bien cierto que las historias narradas en estas sagas tienen un insoslayable contenido mitológico y legendario que muchos tachan de imaginario o pura fantasía sin más; pero eso solo es propio de aquellos cuya autosuficiencia es tan grande como su ignorancia pues deben saber que toda leyenda contiene en su seno algo de cierto y esto suele ser sin duda la que lo ha inspirado. Lo imaginario de un mito, la fantasía, es en gran medida la masa que cohesiona las ideas en aquellos puntos que no se conocen o no se deben conocer.

Tratemos pues de quedarnos con los bloques sólidos que sostienen la construcción de la epopeya gaélica aquí descrita y veremos que tienen en buena medida bastante de cierto. La afirmación de la presencia de este pueblo en la esquina fría de España donde como ya hemos dicho el mítico rey Crisol (Breoghan en su idioma) funda la ciudad de Brigantia ha debido dejar alguna huella que quizás el tiempo o el azar haya tenido a bien conservar.

 

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Breoghan, el rey crisol. Oleo/tela pintado por el autor.

Esta huella ha quedado impresa de dos formas en la cultura patrimonial Gallega: primeramente en las leyendas locales más antiguas que tratan de esta tierra y que de una forma o de otra se han venido fijando por escrito en romances o cancioneros tradicionales, epístolas, festividades y ritos religiosos populares; y por otro en los escritos clásicos legados por las fuentes Griega y sobre todo Romana que hacen las primeras descripciones de este confín del occidente Atlántico. Pero quizás lo más importante a los efectos de confirmar la presencia gaélica sea que ambas coinciden en un punto y este punto son los Arthabros.

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Estampación de un diseño del autor sobre piedra.

Arthabro es el nombre de un pueblo galáico que según Estrabón (Geógrafo Romano de los siglos I a.C. – I d. C.) estaba localizado como ya adelantamos en el noroeste de la recién conquistada provincia romana de Galaecia. Donde se hallaba la ciudad de Brigantia y donde también escritores posteriores como Paulo Orosio ubican una torre que los romanos utilizan como faro atribuyéndose su construcción, aunque hay indicios como para considerar que ya existía un edificio anterior de difícil explicación y que cabe suponer cuanto menos pertenecía al pueblo allí asentado de los Arthabros.

Rastreando ahora las leyendas más significativas de este confín peninsular y más concretamente el territorio abarcado por ellos en la costas noroccidentales gallegas, recogidas como ya hemos dicho en numerosos cancioneros y romances altomedievales nos encontramos con las leyendas de los barcos de piedra. En el códice Calixtino del siglo X se nos informa de cómo apareció milagrosamente el apóstol Santiago traído por sus discípulos muerto dentro de un barco de piedra, dando con ello comienzo a la introducción del cristianismo en este finisterre, o como también otro apóstol, San Andrés, arriba a un antiguo santuario prerromano (San Andrés de Teixido, A Coruña) traído por un barco de piedra en su misión evangelizadora; aunque quizás la más importante tradición religiosa que aún perdura con vida en este ámbito es la romería de la Virgen de la Barca, celebrada en Muxia, A Coruña; mezcla de ritos paganos ancestrales y religión cristiana en la que se detalla que también la misma Virgen María se acercó a estas costas traída por un barco de piedra (todavía hoy te pueden enseñar allí el timón, la vela y el barco de piedra por ella utilizado).

Es evidente que los barcos de piedra no existen como tales, ni tampoco la virgen se acercó navegando sobre ellos, como tampoco que el apóstol Santiago ni San Andrés lo hayan utilizado para sus peregrinaciones, pero lo que sí es cierto es que perdura aún aquel viejo recuerdo de los barcos de piedra al que ya no se le puede dar una explicación y por tanto se mitifica; pero, ¿qué tienen que ver los mitos de barcos de piedra con los Artabros y con los Gaélicos?

Como ya dijimos todo mito siempre contiene algo de cierto y es en este punto donde coinciden ambos cauces, el popular con su universo mitológico y el de la historia escrita que nos ha llegado a través de las fuentes clásicas.

Efectivamente la palabra Arthabro es una palabra que traducida del Gaélico antiguo significa: Barcos de Piedra. Está compuesta por dos lexemas: por un lado la palabra Arthach, un tipo de barco propio de los gaélicos y por el otro de la palabra bró en este caso en genitivo (pues el Gaélico es una lengua declinable como el Griego, Latín, etc…) que se traduce como “de piedra”; mas el bró gaélico no es una piedra cualquiera, es concretamente una piedra que tenía las funciones de molino manual en la cultura Castreña y de la que se han documentado numerosos ejemplos en todos los castros escavados, con la peculiaridad además de poseer una forma abarquillada, por otro lado, exactamente igual a la piedra de considerables proporciones que la tradición cristiana denomina como A Barca da nosa Señora en el ya mencionado santuario prerromano de Nosa Señora da Barca, en Muxía. En la Galicia prerromana existió una tribu celta gaélica conocida como el pueblo de los barcos piedra de moler.

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PIEDRA DE MOLER , BRÓ EN GAELICO. EL ARTACH Y EL BRO.

La traducción más escrupulosa del termino Artabro es exactamente: barco piedra de moler.

Esto es algo que tiene mayor importancia de la que pueda parecer a priori pues esta matización en su morfología nos pone sobre la pista de cómo habrían podido ser estos barcos, los Artach.

Todavía no tenemos una idea concluyente de qué tipo de barca se esconde detrás de esta palabra pero si podemos acercarnos a su conocimiento en cierta medida si analizamos aquello que los califica en la palabra Artabro. Las piedras de moler eran usuales en la cultura castrexa encontrándose numerosas muestras en las excavaciones acometidas por los arqueólogos, pero quizás por no ser un objeto suntuario ni tener la bella decoración de otras han sido relegadas a los almacenes de los museos donde descansan del vaivén de los tiempos, siendo su presencia en las vitrinas escasa o meramente testimonial; saquémoslas momentáneamente de su olvido y observaremos que estas humildes piedras han sufrido una evolución como todo objeto humano con varios miles de años de uso. Existe cierta concordancia en precisar su aparición a comienzos del neolítico aunque es posible que incluso desde antes se vinieran utilizando para otros fines como machacar pigmentos, frutos, etc. Originalmente este artefacto tenía un aspecto más rudimentario como cabe suponer, encontrándose la oquedad donde se machaca o bien centrada o bien dispuesta arbitrariamente sobre la cara superior pero a medida que los milenios avanzan, el hombre va mejorando su diseño adaptándolo para mejorar la comodidad en su utilización que normalmente se hacía de rodillas con el útil entre las piernas o arrimado a estas.

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Mujer del Rif, Marruecos, moliendo con un molino manual.

Por lo cual la piedra inferior o durmiente que en un primer momento era de tendencia irregular se estira hasta alcanzar una planta más o menos rectangular a la par que la concavidad de su interior se desplaza del centro, diferenciando un extremo más elevado (proximal) de otro opuesto o distal con una curva mas tendida. Existen casos de culturas donde este objeto con una larga vigencia temporal, se ha desarrollado hasta alcanzar en aras del confort del usuario la mayor diferenciación posible entre los laterales del lado mayor, quedando el lado distal en horizontal mientras en el proximal su pendiente se acerca a la vertical como se observa en la imagen anterior.

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Evolución figurada del molino manual o bró.

En la cultura caxtreña se observa ya esa diferenciación entre ambos lados teniendo en conjunto estos molinos el aspecto de una barca con “proa” y “popa” diferenciadas por el alzamiento de sus pendientes. En resumen, si de algo podemos estar seguros es de que el Artach tras haber sido comparado por sus coetáneos con el molino manual en uso era un barco de tamaño no muy grande que tenía una proa elevada de líneas curvas y una popa cercana a la horizontal (sin arrufo); esto queda ampliamente corroborado si observamos un arrecife rocoso que se encuentra entre Escocia e Irlanda llamado Dubh Artach (barco negro). Nombre dado por los emigrantes gaélicos en su expansión hacia el norte en los siglos IV – VI y que originaría con el tiempo al pueblo escocés derivado de Scots (o hijos de Scota). Para nuestro estudio lo más importante es que representa a grandes rasgos una imagen de como podía ser el casco de Artach, tenía una proa con roda curva diferenciada de la popa y además todo el casco estaba calafateado (color negro) siendo su alzado bastante similar al de una embarcación que en Galicia se conoce como Dorna. Conviene que dispongamos ahora de una imagen del islote rocoso llamado Dub Arthach, que sea el ojo del lector el que efectúe la comparación.

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Duhb Arthach. Escocia.

 

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Dorna gallega, volteada para apreciar la forma del casco.

Pero hay que decir que no acaban aquí los parecidos pues recurriendo nuevamente a la etimología de la palabra dorna, en gallego además de ser el nombre propio de la mencionada barca también significa pía, arca, artesa, ósea objeto de piedra de forma concaba donde se hace el pan. El campo semántico de esta familia de palabras está compuesto por términos como dorno que es el cajón donde se recogen los granos de cereal que desde aquí caen dentro del molino circular para efectuar su moltura y otros como dornacho, dorneira, dornaxa etc, que remiten a objetos utilizados para recoger o machacar alimentos. La palabra dorna surge de la evolución natural en el lenguaje galaico tanto para renombrar aquellos antiguos molinos manuales ahora reutilizados como comederos de animales, como para poner nombres a aquellos utensilios que de forma similar al molino manual se siguen utilizando en los mismos quehaceres, dorna o dorno es sin duda un derivado del desaparecido bró gaélico al igual que brona o boroa (pan de maíz). Más aún; existía hasta los comienzos del siglo XX en las riveras del Miño otra embarcación que también se denominaba dorna y que servía principalmente para cruzar sus márgenes cargada de animales, enseres y personas cuyo parecido con el molino manual es asombrosa. Se trata de dos o más troncos de madera horadados a lo largo de su eje longitudinal unidos por tablas para poder estibar cargas pesadas, destacándose una proa de elevado arrufo muy similar a la roda de proa de la dorna y a los molinos manuales de última generación como diríamos hoy.Valgan como ejemplo estas dos imágenes.

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Dornos del río Miño. Fuente: Barcas.org

 

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Molino manual (BRÓ) de “ultima generación”, hallado en excavaciones arqueológicas.

 Presumo que puede deducirse de todo esto que había una relación estrecha desde muy atrás en el tiempo entre una de las barcas mas característica y antigua del litoral gallego y los molinos manuales o Brós. Puede ser una coincidencia también el hecho de que en la Irlanda actual se conserve un tipo de barco de medianas dimensiones que reproduce exactamente las formas de una dorna y cuyo nombre es Hooker, si superponemos los alzados de la barca gallega sobre la irlandesa se observa que encajan exactamente hasta la línea blanca pintada en sus bordos (cinta) no siendo difícil deducir que el pequeño aumento de obra muerta desde esta marca nace para evitar las salpicaduras tan frecuentes en las dornas, ahora readaptadas para la navegación en mares más severos que el gallego.

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Parecidos entre los perfiles del Hooker y la Dorna.

Pero no nos llevemos a engaño, ninguna de las dos embarcaciones probablemente desciendan directamente del antepasado común, el Artach. Aunque para el caso de la Dorna si encontramos una filiación materna autóctona.

Buceando en la epigrafía protohistórica que muestra como podrían ser las naves utilizadas para la navegación de cabotaje en el occidente atlántico no obtenemos grandes resultados por lo limitado del registro y al igual que en otros campos las únicas descripciones provienen del mundo clásico. César nos describe en su narración de la guerra de las galias un tipo de barco utilizado por los Venetos, una tribu del noroeste Galo para defenderse del implacable avance de Roma y que parece ser frecuente en estas aguas entre Francia y Gran Bretaña. Su similaridad con los barcos que posteriormente utilizarían 800 años más tarde los vikingos nos corroboran lo extenso de su área de influencia. Esta tipología de nave de reputada maniobrabilidad y robustez para mares como el Atlántico deriva a su vez de las naves fenicias que a comienzos de la edad del hierro alcanzaron los confines de occidente.

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Barcos de Sooton Hoo y Nydam, similareas a los barcos Venetos.

Paralelamente Rufo Festo Avieno en su Ora Marítima nos detalla que las embarcaciones usuales por estos litorales eran de cuero cosido, esto es: tenían un armazón de madera y un forro de pieles curtidas y trabajadas para poder soportar las condiciones marítimas, anteriormente Strabon abundaba en esta idea: *Usaban barcos de coiro antes de Bruto por mor das mareas, pero agora, mesmo os barcos feitos dun tronco de arbore, son raros* Strabon, III, 3, 7. Fuente: Galicia nos textos clásicos. Por lo que parece que existieron varios modelos similares, unos con forro de tablas cosidas y otro de cuero. De estos últimos por la dificultad de su conservación no se han encontrado ningún rastro.

En las embarcaciones desenterradas de Sooton hoo y Nydam lo más interesante para nuestro estudio es la morfología de su casco donde se observa una roda de proa curva con mayor o menor arrufo y una quilla continuando esta hasta rematar en otra proa simétrica que oficia inevitablemente de popa. El aparejo de la arboladura con vela cuadra al centro junto a la incipiente quilla permite una navegación con vientos de costado y de popa pero no son aptos especialmente para navegar de ceñida esto es, proa al viento, además la vela funcionaba más como un apoyo si las condiciones meteorológicas lo permitían pero la navegación se practicaba fundamentalmente a remo.

Tanto en este tipo de embarcación como en la Dorna la ensambladura de los bordos laterales son a tingladillo (tablas solapadas) lo que confiere a ambas ese peculiar estilo nórdico donde las tablas del forro van superpuestas. Reputados investigadores de tecnología naval como Staffan Morling no dudan en atribuir a la dorna gallega un origen vikingo. Y esto es cierto, pero a medias, yo presumo que la dorna gallega es hija de madre autóctona (el Artach) y padre foráneo (los Barcos Vikingos). Con lo cual si bien puede haber ciertas adaptaciones o mejoras en materiales el origen es entonces anterior al planteado por el profesor Morling, al menos en una parte. Tengamos en consideración que esta tipología de barco de tablas superpuestas y diseño simétrico en planta tuvo una extensa existencia, arrancando de las naves fenicias hasta las últimas culturas vikingas en una singladura temporal de casi dos milenios, extendiéndose por gran parte del litoral atlántico europeo como demuestran las famosas embarcaciones desenterradas de Sooton Hoo o el barco de Nydam datadas a comienzos de nuestra era.

Era pues esté un modelo de barco muy popular y de sobra conocido por estos litorales, pero el Artach aún siendo bastante parecido era una nave con dos importantes diferencias con respecto a aquellos: por un lado diferencia de proa y popa en el alzado lo que inevitablemente obliga al mástil a situarse descentrado para no comprometer la estabilidad ubicándose probablemente a un tercio de la planta, como así efectivamente se dispone en la dorna y en el Hooker irlandés, permitiendo con ello una navegación mas ceñida que aumenta obviamente su eficacia. La colocación del mástil excéntrico al contrario que los barcos de Nydam o Sooton Hoo (pues estos tienen dos proas lo que los capacita para navegar tanto hacia atrás como hacia delante) sería pues la segunda gran diferencia. El Artach tenía que ser algo parecido a los barcos de la imagen superior (Hoocker y Dorna) en sus perfiles además de en la localización del mástil. Queda por saber de qué forma se montaba la arboladura y sobre todo como era esta, pero según se desprende de los estudios realizados en tecnología naval por el Profesor Staffan Morling de las embarcaciones tradicionales gallegas, la vela que porta la dorna entre otras barcas autóctonas y conocida como vela al tercio o de relinga puede ser una mejora o adaptación de la vela cuadra (la del barco vikingo) al palo excéntrico de la dorna en aras de una mayor eficacia marinera.

Aunque todo esto sean conjeturas, de lo que si podemos estar seguros es que todavía existe en Irlanda una embarcación que reproduce exactamente un molino manual en sus líneas y ademas originalmente estaban forrados con cuero como relataba Avieno en Ora Marítima; es el Currach Irlandés, y mas especialmente el denominado Naomhóg de Kerry.

 

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Curragh Irlandés.

Su desarrollo cronológico dada la simplicidad de sus materiales y diseño puede arrancar en la prehistoria, pero los primeros documentos que atestiguan su existencia en Irlanda datan del siglo VI de nuestra era (las leyes de Brehon) un momento de plenitud de la cultura gaélica Irlandesa siendo pues coetáneas de las embarcaciones de forro de tablas cosidas de Sooton hoo y Nydam. Los únicos cambios que presentan actualmente los currach son como cabe esperar los materiales utilizados. Donde antes se forraba con cuero cosido ahora se hace con tejido sintético, el calafateo posterior utiliza derivados del petróleo y no la Pez tradicional pero su armazón de tablillas dobladas y ensambladas apenas si ha variado, y es precisamente aquí donde vemos ese peculiar diseño tan parecido a los Brós o molinos manuales,

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Estructura de un Currach.

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Bró del museo del Castro de Viladonga. Lugo.

Si tomamos en consideración las palabras de los historiadores latinos que recogen en sus escritos sobre la Galaecia embarcaciones de cuero cosido como los Currach tradicionales, y ahora que sabemos que existió una tribu Galaica, los Arthabros, cuyo nombre traducido del gaélico es “barco molino de piedra manual” no cuesta imaginar que probablemente aquellos barcos fueron muy similares al mencionado Currach. Aunque nada impide suponer que su forro también podría haber sido montado con tablas cosidas y solapadas. Existen además otras dos cuestiones que refuerzan esta hipótesis, la primera es una característica específica de tecnología naval que solo se conoce dentro de las embarcaciones tradicionales en tres partes de Europa: Galicia, Portugal e Irlanda. Se trata del remo y su forma de armarlo sobre la cinta de cubierta, tanto en la Dorna como en el Currach los remos llevan ensamblados unos vástagos también de madera frecuentemente de formas triangulares y traspasados por un agujero donde se inserta al tolete. De esta forma se concentra toda la fuerza de la remada en impulsar la embarcación sin preocuparse de mantener el remo constantemente centrado. Las barcas del litoral portugués que también comparten con gallegas e irlandesas dicha especifidad son todas sorprendentemente parecidas en sus perfiles a las dos anteriores mencionadas y su nombre genérico es Bateira.

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Vástago de madera ensamblado al remo para insertar el tolete en una dorna Gallega.

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Bateira Portuguesa y su aparejo. Remos de la Bateira.

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Remos del Currach Irlandes.

Esta cualidad técnica que poseen los remos de las tres embarcaciones tradicionales, el Currach, la Bateira y la Dorna no son fruto de la casualidad ni tampoco se explican por factores de convergencia, pues existen otros sistemas igualmente eficaces para mantener el remo fijado sobre cubierta. Además las tres naves cuando montan velas para su propulsión colocan el mástil excéntrico arbolado con una pequeña tela triangular denominada Lugsail en Inglés o vela al tercio en castellano lo que refuerza las similitudes en su forma de aparejarlo. Como vemos en la composición inferior de los tres modelos juntos las diferencias en el tamaño de las velas son consecuencia del diferente diseño en planta, la Dorna tiene un casco más ancho y almendrado que la Bateira o el Currach lo que unido a un timón que funciona como orza y a su incipiente quilla, permite una mayor envergadura de la vela sin ver comprometida su estabilidad. El Currach y la Bateira son dos embarcaciones que carecen de quilla, tienen el fondo plano, cuando navegan a vela la Bateira utiliza una orza/timón, algo más pequeña que la de la Dorna y el currach utiliza una orza externa que se coloca en los toletes del remo de nombre Lee Board en Ingles; estas dos últimas embarcaciones no parecen haber sido concebidas originalmente en cuanto a diseño para propulsarse preferentemente a vela, al contrario que la dorna quizás por derivar de la confluencia de dos modelos, el Artach por línea materna y el barco vikingo por la paterna. En consecuencia el Currach y la Bateira serian más primitivos y probablemente más similares al Artach.

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La segunda cuestión de la que hablábamos cuando vinculamos el Currach con el Artach es el sin par parecido entre el barco de piedra gallego que se encuentra en el monasterio de Miserela, Pobra do Caramiñal, A Coruña, donde según cuenta la tradición vino San Juán a predicar por aquellos remotos parajes y los ejemplos expuestos de Currach. Nótese en esta toma lateral picada que no solo coinciden las dimensiones sino también los alzados del perfil y la planta. Una relación tan estrecha que ya aprecio premonitoriamente el profesor Alonso Romero en sus investigaciones recogidas en su libro Santos e Barcos de Pedra.

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Barca de pedra do monasterio de Miserela, Pobra do Caramiñal, A Coruña. Fuente: Santos e barcos de pedra, Fernado Alonso Romero.

En resumen como podría haber sido el Arthachbró barco. Probablemente muy similar o igual al Currach Irlandés, en sus dimensiones, alzados y planta e incluso en el aparejo de la vela y los remos. La siguiente propuesta es una idealización realizada por mí de un modelo con forro de cuero y con una amplia vela de quita y pon, tres bancos, los dos delanteros con toletes y una pequeña cubierta delantera como las Bateiras apropiada para evitar las salpicaduras cuando se encara el viento, el fondo de la nave llevaría un lastre de cantos rodados que dota de mayor estabilidad a un diseño de gran flotabilidad, no he incluido timón ni orza pues su utilización en los currach no es frecuente aunque sea necesaria para navegar con la vela, en cualquier caso un remo con la pala más ancha puede suplir la necesidad de estos. También pudieran haber sido forrados con tablas cosidas y solapadas. La barca de la imagen inferior es un tipo de embarcación denominada carocho del rio Miño cuyo forro es siempre de tablas montadas a tingladillo, se trata de un pariente presumiblemente más antiguo, a medio camino entre la dorna Gallega y la Bateira portuguesa y mucho más parecida al ArtachBró.

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Idealizacion de un Arthach-bro, con un aparejo sobredimensionado lo que limita sus capacidades nauticas.

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Desglose ideal por partes constructivas de un Arthach-bro del tipo mas sencillo.

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Maqueta de un Carocho del rio Miño.

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Los Arthabros son pues un pueblo Gaélico habitante del litoral coruñés hasta la llegada del invasor romano, y no será tan descabellado pensar que si su mitología nos informa de la construcción en su territorio de una torre a orillas del mar (Tor Breoghain, en irlandés) sea precisamente la anterior torre existente en donde hoy está el faro conocido como Torre de Hércules y cuya factura romana no se discute, pues como es bien sabido los romanos no solo se apoderaron de este territorio sino que superpusieron su impronta constructiva sobre aquellos edificios nativos como así mismo se puede observar repetidamente en otras partes de su imperio. Además Estabón que viene siendo la principal fuente escrita que tenemos para conocer este rincón peninsular en aquellos años del cambio de Era, nos informa de que en su época los Ártabros (sin h por ser una trascripción latina) cambiaron de nombre y se autodenominan Arrotrebae, (hecho corroborado por los historiadores y geógrafos posteriores) sin darle mayor importancia ni explicación a un fenómeno tan poco corriente.

Esa causa podemos nuevamente intuirla si apoyándonos en el gaélico traducimos el termino arrotrebae y descubrimos que su significado podría ser: “el mayor sacrificio de la tribu“; también otra palabra compuesta por ar, “sacrificio”, ro “mayor”, y trebae “de la tribu”. Se me antoja ahora comprensible el desamparo que debieron padecer los descendientes de los Arthabros abandonados a su suerte tras la marcha de los suyos por mar hacia Irlanda según narran sus sagas.

Cabe señalar que a lo largo de las costas occidentales de Europa hasta Escocia existían unas antiguas rutas de navegación de cabotaje desde el calcolítico o edad del cobre utilizadas por comerciantes, pioneros y piratas (como se tacha a los Arthabros en la propaganda imperial Romana) que fueron utilizadas por el conjunto limitado de personas aptas para navegar que pudieron evacuar el territorio como sigue relatando el Leabor Gabhala y que forzó la avasalladora llegada del invasor Romano.

De aquella presencia Gaélica en la fachada Atlántica Europea quedan numerosos vestigios en áreas de extenso poblamiento temporal celta como Bretaña, Gales, Irlanda, Escocia, Man, etc… es asimismo significativo que los barcos de piedra abunden en estas áreas geográficas en forma de tradiciones, leyendas, nombres de lugares o propios y hasta en un apellido Irlandés.

He tenido la fortuna de estar en algunos de estos enclaves y contemplar como todos aquellos que conservan de una forma u otra el recuerdo de los Barcos de Piedra tienen una similar morfología, un mismo paisaje; el paisaje que caracteriza la costa gallega donde los granitos modelados por la erosión en mil y una formaciones orgánicas cobran vida entre la apretada vegetación y donde no es extraño comprender por qué todavía hoy queda gente que los venera desde tiempo inmemorial.

 

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Conviene ahora que fijemos la atención en un curioso detalle sobre el que ya hemos adelantado algo en las páginas precedentes. Se trata de la leyenda de la llegada de Santiago el mayor, apóstol y patrón de España en un barco de piedra a las costas de Galicia para ser enterrado en este confín europeo.

Nadie acierta a comprender y menos aún a explicar las causas que movieron a los seguidores del apóstol Santiago a traer su cuerpo decapitado por Herodes desde la lejana Jerusalén en un barco de piedra como afirman las leyendas cristianas, algunas tan tempranas como las que menciona Bocaccio en su Filocolo o incluso otras anteriores recogidas en el Códice Calixtino, pero lo cierto es que a la larga resultó muy conveniente para fortalecer el decaído espíritu de los incipientes reinos cristianos que por el siglo VIII y siguientes, agobiados por la presión musulmana necesitaban una causa concluyente, si cabe más aún que la de haber sido expulsados de sus propias tierras por el invasor árabe para enfrentar los sacrificios que impondría la reconquista. La aparición milagrosa de la tumba del apóstol Santiago en “Campus Estelae”, hoy Santiago de Compostela aunó voluntades mas allá de los intereses políticos heterogéneos en aquellos reinos expuestos a un final prematuro del extremo norte peninsular y ofreció al pueblo la posibilidad de morir luchando no por tal o cual señor feudal sino por uno de los discípulos preferidos de Cristo y con ello ayudar a consolidar la Cristiandad. No veo necesario señalar las profundas implicaciones personales y colectivas que ello tendría para los fieles de la mencionada religión. Pero yo encuentro que la llegada de Sant Iacobus por mar en el Arca Marmárica (otra denominación del barco molino de piedra mencionada en el Codice Calixtino) a Galicia es una refundición del mito de Ith, presente en la última parte del libro de las invasiones. El Lebhor Gabhala será pues, nuevamente, el inspirador de muchas otra leyendas posteriores que han sido recogidas tanto en el acervo popular como en los textos de mitógrafos eruditos, caso de Rufo Festo Avieno en su controvertida Ora Marítima o en los cronistas religiosos medievales que buscaban consolidar la noticia de la llegada del apóstol a tierras Hispanas en un remoto pasado próximo al cambio de Era. Presumo que no fue excesivamente complicado para las mentalidades populares aceptar con el paso del tiempo los cambios forzosos de nombres o héroes que impuso la hortodoxia cristiana sobre aquellas viejas leyendas celtas tan enraizadas pero de las que ya pocos se acordaban con precisión; no fue Ith el que regresó muerto traído por los Arthabros a Brigantia como relataba el libro de las invasiones sino Sant Íaco el que vino decapitado en un barco de piedra hasta Gallaecia. Hoy podriamos decir que si bien permanecía el suceso legendario en el inconsciente colectivo se habían tergiversado los apelativos de los protagonistas, ayudando con esto a arraigar en el pueblo inculto la convicción del milagroso viaje por mar de nuestro apóstol y con ello enervar la fe. Por supuesto que esto puede ser una simple coincidencia aunque opino que es preciso saber diferenciar las casualidades de las que no lo son y para mí esto no lo es, como tampoco encuentro casual el hecho de que la primera y más antigua representación iconográfíca que se conoce de dicha leyenda en el occidente europeo se halle tallada en piedra precisamente enfrente del santuario Ártabro por excelencia, en la pequeña pero hermosa Iglesia románica del siglo XII de Santiago de Cereixo, en la ría de Muxia, más concretamente en el tímpano de la portada sur, rodeada de los motivos decorativos propios del arte celta Gallaico; añadamos a esto que las leyendas locales de Cereixo nos dan cuenta de la llegada por mar de un importante personaje desde el lejano norte y que la tradición vincula a un caudillo normando allí enterrado, para convenir que cuando varias casualidades se aúnan en un punto próximo la contingencia queda en buena medida disipada; pero fijémonos un instante en la barca que trae su cuerpo, parece una dorna un tanto estilizada o será quizás un Artach …

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Portada románica de la iglesia de Santiago de Cereixo.

A estas alturas del relato nos damos cuenta de la importancia que poseen las leyendas en la consolidación de una cosmovisión autóctona y como estas al no poder ser erradicadas fácilmente fueron reformuladas desde la nueva fe. Por ello es tan importante hoy como ayer conocer que partes de las leyendas son ficción y que parte realidad si queremos tener una opinión fundamentada e independiente del pasado.

Dado que los criterios que hoy en día determinan la adscripción de la pretérita Galicia prerromana al heterogéneo conjunto de pueblos celtas son de otro orden diferente al científico y habida cuenta de que se utiliza esta inclusión/exclusión etnográfica tanto para negar como para justificar en buena medida las tesis nacionalistas, se hace necesario abrir un renovado espacio investigador que no esté contaminado por la absurda, a mi modo de ver, confrontación seudo-científica.

Recomiendo encarecidamente a aquellos aficionados a la historia y los mitos la lectura de algunas de las dos traducciones que hay al idioma español del Lebhor Gabhala, la primera realizada del original irlandés por el Profesor Ramón Sainero con textos bilingües en Gaélico y Castellano y la segunda del profesor Manuel Alberro que viene precedida de un prologo de apoyo para neófitos en mitología celta.

Antes de cerrar este apartado centrado en la última parte del Lebhor Gabhala (capítulo XIII) donde se narran los motivos que movieron a los gaélicos a abandonar Galicia y conquistar Irlanda quiero añadir otra reminiscencia, la más temprana que encontré en la literatura mediterránea de un episodio mitológico gaélico inserto en los versos de un historiador clásico. Se encuentra en la Ora Marítima de Rufo Festo Avieno escritor del siglo IV después de Cristo donde se versa una descripción de las costas hispanas mezclando datos geográficos de autores anteriores a él, junto a informaciones de navegantes pioneros en estas apartadas costas atlánticas además de antiguas fábulas y leyendas que colorean el texto. Es en una de estas versificaciones donde encuentro que el autor recibió de manera indirecta la información detallada sobre la mayor particularidad que posee la Isla Pelágica (la Irlanda anterior a la llegada de los gaélicos)

Veamos según sus palabras:

“ Luego está la isla pelágica, abundante en hierbas y consagrada a Saturno. Pero hay en ella una fuerza natural tan grande que si alguien se aproximara a ella navegando rápidamente se enfurecería toda la mar próxima a ella, estremeciéndose ella misma a la par que la mar se yergue bramando profundamente mientras el resto del agua guarda silencio como un estanque .”

La isla Pelágica es un nominativo de Irlanda como ya demostraremos en otro artículo pero la alusión a su extraordinaria fuerza natural es un “préstamo” que se recoge de las leyendas Gaélicas donde como queda reflejado en el capítulo XIII del Lebhor Ghabhala; (resumen):

Los navegantes Milesios (otra denominación de los gaélicos) que se acercaban velozmente a Erin desde Brigantia fueron sorprendidos por un viento druídico que levantó una feroz tormenta, alzando el mar contra ellos hasta expulsarlos de las aguas próximas a la isla en dirección a mar abierto. Pero los druidas que iban en los botes desconfiando de la auténtica naturaleza del fenómeno incitan al joven guerrero Erannan a subir al mástil para comprobar si también allí soplaba con tanta violencia y como esto no sucedía así deciden acudir a Amergin, uno de los druidas más poderosos de la expedición para que neutralice con su magia esta fuerza que los estaba dispersando en el océano. Amergin improvisa una inspirada poesía llena de magia que apacigua las aguas permitiendo la definitiva arribada a la Sagrada Erin.

Estos acontecimientos legendarios se pueden datar en las décadas anteriores al cambio de Era cuando se produce la marcha de estas tribus celtas desde Galicia hacia la “isla Pelágica”, permaneciendo en la memoria colectiva de estos finisterres atlánticos, tanto en la gallaecia romana como en la Hibernia insular (Irlanda) hasta que son recogidas por los monjes Irlandeses en sus escritos medievales, por el camino en algún indeterminado momento del siglo IV llegaron a oídos de Rufo Festo Avieno parte de lo allí referido así como la invasión de una plaga de serpientes en aquellos confines; con estos materiales aportados por informantes anónimos sumados a textos de populares cuadernos de bitácora cuando no de historiadores o geógrafos anteriores a él, Avieno compone en homenaje a su amigo Probo un extenso poema, del que tan solo se conserva una pequeña parte, detallando en el todo lo que ha podido conocer tras una vida dedicada al estudio.

 

Bibliografia:

As embarcacións tradicionais de Galicia, Staffan Mörling.

Barcos en Galicia, de la prehistoria hasta hoy y del miño al finisterre. José Maria
Massó y Garcia Figueroa.

Diccionario Xerais da Lingua. Xerais.

El Libro de las Invasiones. Edicion de Ramon Sainero. Akal.

Galicia nos textos clásicos. Monografias urxentes do museo. Ana Maria Romero
Masia, Xose Manuel Pose Mesura.

Http/www/ Barcas.org

Lanchas e dornas: A estabilidade cultural e a morfoloxía das embarcacións na costa Occidental de Galicia. Staffan Morling.

Linguas e literaturas celtas. Ramón Sainero, serie Keltia. Toxosoutos.

Os Celtas. Unha revision dende galicia. Francisco Calo Lourido.

Santos e Barcos de Pedra. Fernando Alonso Romero. Xerais.

The curragh of Ireland by James Hornell.

Traditional boats of Ireland. History, folklore and construction. Criostóir Mac
Cárthaigh.

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3 comentarios de “¿COMO ERAN LOS BARCOS DE LOS ARTABROS?

  1. Desde hace ya casi 50 años estudio el tema de las construcciones ciclópeas NAVIFORMES del Bronce medio en las Islas Baleares. Generalmente se trata de conjuntos habitacionales extendidos sobre todo por las serranías, propios de culturas indoeuropeas cuya base alimenticia era la harina de bellota (antes de llegar el dominio del cereal); harina sacada con molinos de vaivén cuya superficie era fundamentalmente plana, pero con la parte superior de la piedra de encima asimilable a un barco. También los sepulcros hipogeicos de esta cultura eran en forma de nave (en la isla de Menorca su tipo más espectacular es la NAVETA funeraria). Una cultura indoeuropea que los primeros arqueólogos que estudiaron los monumentos de las Baleares identificaron como céltica, pero que hoy se comprueba cuestión cronológicamente bastante más compleja. Sí importa incidir en el significado del radical ‘(h)arten’ en cuanto indicativo de pan y de donde el “hartazgo” referido a primordial comida en demasía, conforme acreditan además algunos vestigios conservados de las lenguas prehispánicas (íbero, etc.) y de uso todavía en algunos vocablos relacionados con el pan , tanto en el Pais Vasco, como en Cataluña, Valencia, Baleares y parte de Andalucía (¿tartésico?).
    La cuestión es que por toda Europa se detectan construcciones de planta naviforme, por los diversos especialistas denominadas de distintas maneras (longhouses, barcos de piedra,
    habitáculos absidales, etc. etc.) y siempre con ajuares, instrumental y costumbres propias
    de la Edad del Bronce medio. Quizá “la provincia” atlántica de este universo indoeuropeo acabó evolucionando hacia lo céltico, mientras en “la provincia” ribereña del Mediterráneo
    occidental (la vería, la ribería de Iberia y del Rio Ródano, hasta más allá del Lago Leman de Suiza) se transformó en lo ibérico.
    Saludos, J. A. Encinas S.

    • Hola amigo investigador, admiro tu tesón. Me gustaría aclararte alguna cosa por que creo que no has entendido totalmente el articulo. La palabra “Arta” significa en gaélico antiguo barco y la palabra “bro” piedra de molino, concretamente referido a su parte durmiente. De la primera no me consta ninguna posible derivación relacionada con el producto de la moltura sin embargo de la segunda si; como explico en el articulo el vocablo gaélico “bro” es el ascendente para un conjunto de términos como brona, borona, etc. con el actual significado de un tipo de pan en gallego, ademas de estos tambien hay que sumar dorno, dorneira, dornallo, entre muchos otros, que pertenecen al campo semántico de los utiles empleados antiguamente para las labores de panificación, y de las cuales se presume derivan a su vez la palabra dorna, un tipo de embarcacion tradicional gallega probablemente por el parecido entre la dorneira gallega o recipiente donde se recoge el grano y la forma cóncava de la nave. Por lo que no acierto a entender, como tu propones, la vinculación entre (h)arten y el fruto de la molienda.
      Un saludo.

  2. Ahora intentaré explicarme mejor, de forma que puedas entrar en el fondo de la cuestión, en unas pocas líneas. Cosa harto difícil porque es material que tengo ya muy resumido en mi libro de 2014 titulado “Corpus Cavernario Mayoricense” (Editorial El Gal, Pollença, Mallorca. 1350 págs. en formado DIN A.4, letra tipo 9/7, miles de imágenes a una tinta, etc.). La cuestión es que la toponimia balear conserva vocablos muy específicos referidos al “Bru” (Cardenal A. Despuig, 1874), etc.), el dominio del bicho que ataca la base de las encinas y acaba matándolas, al perforarlas dejando en al pie del tronco sus característicos montoncitos de serrín parecido a la harina. En los códices repartimentales de la conquista cristiana a los musulmanes (año 1229), ya parecen topónimo concretos como los de Hartán (hoy populoso municipio de Artà), Hartana, Fartàritx (por hartàric-i), Hirian (hoy Ariant) y otros recursos productivos objeto del botín de guerra en forma de propiedades rurales, fortalezas, molinos harineros, cuevas, fuentes, etc. Propiedades caracterizadas por sus antiguas dehesas, en las sombreadas laderas septentrionales donde domina los canchales desprendidos de los espadales y el Quercus, con su asociado matorral leñoso del brùgo. En el fondo restando el afrecho lítico dicho en Mallorca sero / cero, propio del seral, el árido más fino, especie de arenoso serrín triturado por las rocas desprendidas de lo alto de los cantizales. Son las ‘Moles’ (muelas de moler) orográficas que el vulgo considera verdaderos molinos de los canchales y cuya harina se entiende tierra cultivable del fondo de los valles. Si ustedes quieren, la restante en las landas ribereñas de la nava. Es decir, a cada lado y a lo largo de la nave hidrográfica. Harina bellotera para gente que tenía por base alimenticia el fruto tan abundante en todos los bosques (‘bouques’, los ancentrales bous toponímicos de buquería, también de las boquerías portuarias, pues para los mallorquines el Bosc es sencillamente el encinar y no las otras florestas) y cada día mejor documentado en multitud de yacimientos arqueológicos euroasiáticos de la genéricamente denominada cultura indoeuropea, incluyendo naturalmente sus últimos estertores durante el Bronce medio.
    Pero aquí no hay espacio para extenderme más, disculpa. Saludos, J. A. Encinas S.

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